Todo el tiempo me alargan la fecha... todos tienen una idea diferente...
Que si debemos pasar de los 3 meses, el temido periodo de prueba...
Que si después de los 7 se nota si la relación avanza o no...
Que si el 9 es un número mágico y después de allí nos vienen las cosas buenas...
Pues déjeme decirle, Licenciado, que cada minuto de estos 7 meses y 14 días han sido maravillosos para mí, y que no los cambio por ningún número místico ni por cálculos matemáticos...
Me siento como cual película al mejor estilo de Hallmark Channel... Fresa corta venas, romanticona hasta morir... Yo que buscaba el amor perfecto... tú que llegaste y me lo enseñaste...
Yo que buscaba compartir los sueños y tú que los juntaste con los míos, como un rompecabezas previo...
Yo que quería comerme el mundo... Tú que me tomaste de la mano y me acompañaste...
Y es cierto, adoro tu sonrisa. Adoro verte recién levantado, adoro verte feliz a mi lado. Me reconforta y me calma. Me inspira a escribir, a cocinar, a trabajar y a vivir queriendo levantarme a ser una mejor yo.
También es cierto que odio esperarte tanto. No soporto la distancia y siento que me rindo ante los demonios de mi cabeza. Que te dejo ir y me sueltas la mano.
Pero sin embargo... cuando llegas, cuando te tengo, cuando me acuesto a tu lado, cuando hablamos o almorzamos... eres el catalizador de las cosas malas y el brillo de las buenas... Como una balanza en equilibrio del que ama y es amado... Del que siente y hace sentir... Del que sonríe y hace reír...
Esta noche de lluvia quiero que sientas mi abrazo. Quiero que sientas mis manos, que te toco la cara, que te beso desmesuradamente. Que no me quedo con nada, que te dejo saber todo, que ya no tengo miedo.
Que ya no tengo miedo de perderte porque ahora y sólo ahora... He empezado a amarte y no lo sabes.
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martes, 6 de octubre de 2009
miércoles, 18 de marzo de 2009
El post de la espera…
Hace casi un mes empecé a esperarte y resolví que mientras lo hacía (después de haberte esperado casi un año, que más da hacerlo otro poco) escribiría un post. Estaba segura sin embargo, que ninguna letra que saliera de mí en este momento superaría a su predecesor, pero igual resolví escribirlo para ti y para mi ahora abandonado blog.
Hace días una idea ronda en mi cabeza. Odio el clima de Caracas. No soporto ese frío eterno y ese sol bobo que nunca calienta, que ni siquiera se asoma no sé si por flojera o desidia, pero decide abandonarme a la suerte de mis guantes rosados y mi única bufanda marrón, que combina con mi abrigo. Odio mirar por la ventana y no saber si va a llover o saldrá este sol bobo del que te hablo. De todas formas, te espero, aunque me haya desviado del tema.
Me gusta cuando unos grados de alcohol se atraviesan en nuestras citas. No sólo porque me ayudan a calmar esa ansiedad de primeriza que siento como si nunca hubiese salido contigo, sino también porque me hacen ver estrellas donde definitivamente las hay. Me encanta mirarte a través de una copa de vino tinto en un lugar con poca luz, igual como me gusta mirarte en un antro con cervezas en lata. No es que la bebida simplifique las cosas, más bien ha llegado a darles sentido. Todas las otras parejas idiotas tienen una canción, una frase o un día especial. Pero eso no importa mientras tú y yo tengamos nuestro Cono Sur chileno, “suave y no muy seco, por favor”.
Sueño con que pidamos ese mismo vino tinto en aquel restaurant que me recomendaron en la Bahía de Pampatar. Ya nos veo juntos frente al mar, al aire libre y cerca del señor que me dijeron que tocaba bossa mientras esperas la comida y te veo mirándome a los ojos y tomando la copa, y veo tus ojitos chiquitos y tu boca que no se queda con nada y me confiesa sin mesura lo que pasa por tu mente.
Y mientras tanto, te espero, te espero para calmar los demonios. Te espero aunque no lo sepas, aunque tengas miedo de saberlo, además. Pienso en los bombones, en el amanecer, en mi edredón blanco, en que quizá he sido demasiado dura contigo, en mis piecitos, en el pasticho, en la Isla de Coche. Mientras te espero, también pienso que viene el viernes y que pronto todo se reinventará, pero nosotros que seguimos siendo los mismos, seguiremos estando mientras aguanten el vino y tus besos. Pienso en aviones, en nuestro próximo viaje, en Mochima, en nadar con delfines, en el mocaccino de las mañanas y en la forma en que me ves cuando estoy celosa. En tu carita de dormido que tanto me hace sonreír y en la idea de que algún día rompas tu promesa y me sueltes… No lo hagas, no me sueltes… Sabes que te espero.
Hace días una idea ronda en mi cabeza. Odio el clima de Caracas. No soporto ese frío eterno y ese sol bobo que nunca calienta, que ni siquiera se asoma no sé si por flojera o desidia, pero decide abandonarme a la suerte de mis guantes rosados y mi única bufanda marrón, que combina con mi abrigo. Odio mirar por la ventana y no saber si va a llover o saldrá este sol bobo del que te hablo. De todas formas, te espero, aunque me haya desviado del tema.
Me gusta cuando unos grados de alcohol se atraviesan en nuestras citas. No sólo porque me ayudan a calmar esa ansiedad de primeriza que siento como si nunca hubiese salido contigo, sino también porque me hacen ver estrellas donde definitivamente las hay. Me encanta mirarte a través de una copa de vino tinto en un lugar con poca luz, igual como me gusta mirarte en un antro con cervezas en lata. No es que la bebida simplifique las cosas, más bien ha llegado a darles sentido. Todas las otras parejas idiotas tienen una canción, una frase o un día especial. Pero eso no importa mientras tú y yo tengamos nuestro Cono Sur chileno, “suave y no muy seco, por favor”.
Sueño con que pidamos ese mismo vino tinto en aquel restaurant que me recomendaron en la Bahía de Pampatar. Ya nos veo juntos frente al mar, al aire libre y cerca del señor que me dijeron que tocaba bossa mientras esperas la comida y te veo mirándome a los ojos y tomando la copa, y veo tus ojitos chiquitos y tu boca que no se queda con nada y me confiesa sin mesura lo que pasa por tu mente.
Y mientras tanto, te espero, te espero para calmar los demonios. Te espero aunque no lo sepas, aunque tengas miedo de saberlo, además. Pienso en los bombones, en el amanecer, en mi edredón blanco, en que quizá he sido demasiado dura contigo, en mis piecitos, en el pasticho, en la Isla de Coche. Mientras te espero, también pienso que viene el viernes y que pronto todo se reinventará, pero nosotros que seguimos siendo los mismos, seguiremos estando mientras aguanten el vino y tus besos. Pienso en aviones, en nuestro próximo viaje, en Mochima, en nadar con delfines, en el mocaccino de las mañanas y en la forma en que me ves cuando estoy celosa. En tu carita de dormido que tanto me hace sonreír y en la idea de que algún día rompas tu promesa y me sueltes… No lo hagas, no me sueltes… Sabes que te espero.
viernes, 4 de abril de 2008
No me hagas reír...
Cuando estamos en esa búsqueda de la persona ideal, nos damos cuenta que el consejo de nuestras amigas cercanas es que sea un hombre con buen humor, que le guste reírse y conversar... Hay que estar claros. El señor Betancourt no tiene nada de eso, incluso es serio y mal humorado con frecuencia. Es feliz así. Pero a mi que me encanta andar con el "dientero pelado" todo el día como él mismo dice, me encanta que me hagan reír. Es raro que exista alguien bastante ocurrente como yo...
Es impresionante y hasta da un poco de miedo cuando alguien ajeno a ti, a tu entorno, y que no es precisamente tu esposo te puede hacer reír tanto, te hace olvidar los problemas, sin conocerte y sin querer indagar mucho te aconseja, te acompaña y está pendiente de ti, es decir, la continuación de mi post de que el diablo se viste de marca, en su versión simpática.
Este un post de cosas increíbles. Cómo el tiempo se reduce, los momentos pasan, la vida te mira de lejos y tú no te das cuenta... Cómo una persona sin atacarte directamente, sin decirte sus verdaderas intenciones, comienza a llegarte con detalles pero por debajito, en bajo perfil y sin declararse del todo, pero dejando la puerta abierta...
Me parece imposible que queden hombres en el mundo tan atentos al extremo, que todavía queden unos raros especímenes que no botan la baba por ti, sino que tratan de agradarte. Que no se quedan mirando tu trasero cuando te das vuelta, sino que te buscan para darte un abrazo "sincero". Y lo digo así entre comillas, porque al final, tiernos o no, todos buscan lo mismo.
Pues déjame decirte que así me encantas. Pero estoy segura que encontrarás una persona que te retribuya como yo no puedo hacerlo. Ya te he visto en algunas movidas de conquista, y si sigues con esos detalles no dudo que alguien se gane el premio de tenerte. Por mi parte, espero que no llegues a decepcionarme cayendo del peldaño del aprecio donde te coloqué. Y sé que tengo que ser muy fuerte, y seguir resistiendo las tentaciones que creo que tendré hasta mi despedida de soltera...
Es impresionante y hasta da un poco de miedo cuando alguien ajeno a ti, a tu entorno, y que no es precisamente tu esposo te puede hacer reír tanto, te hace olvidar los problemas, sin conocerte y sin querer indagar mucho te aconseja, te acompaña y está pendiente de ti, es decir, la continuación de mi post de que el diablo se viste de marca, en su versión simpática.
Este un post de cosas increíbles. Cómo el tiempo se reduce, los momentos pasan, la vida te mira de lejos y tú no te das cuenta... Cómo una persona sin atacarte directamente, sin decirte sus verdaderas intenciones, comienza a llegarte con detalles pero por debajito, en bajo perfil y sin declararse del todo, pero dejando la puerta abierta...
Me parece imposible que queden hombres en el mundo tan atentos al extremo, que todavía queden unos raros especímenes que no botan la baba por ti, sino que tratan de agradarte. Que no se quedan mirando tu trasero cuando te das vuelta, sino que te buscan para darte un abrazo "sincero". Y lo digo así entre comillas, porque al final, tiernos o no, todos buscan lo mismo.
Pues déjame decirte que así me encantas. Pero estoy segura que encontrarás una persona que te retribuya como yo no puedo hacerlo. Ya te he visto en algunas movidas de conquista, y si sigues con esos detalles no dudo que alguien se gane el premio de tenerte. Por mi parte, espero que no llegues a decepcionarme cayendo del peldaño del aprecio donde te coloqué. Y sé que tengo que ser muy fuerte, y seguir resistiendo las tentaciones que creo que tendré hasta mi despedida de soltera...
lunes, 3 de marzo de 2008
El diablo se viste de marca...

Hace varios días, con los cambios de rutina gracias a mi trabajo, me he dado cuenta que el demonio no es aquel hombre horrible, con cachos y cola, totalmente rojo que usan como contraste de Dios y tratan con eso de asustar a niños e incautos. No señor... Más bien a mí me lo han pintado vestido de Armani y con las cualidades casi perfectas.
Después que uno abandona el mercado de la carne (suena frío pero me refiero a que dejas de estar disponible para los pocos prospectos decentes del país y te lanzas al compromiso dejando la soltería) parece como si emanara un dulce aroma prohibido que a todos de pronto empieza a encantarles. Y no sólo eso, sino que parecen ser más perfectos e ideales que tu novio de turno.
De pronto le comienzan a salir virtudes impresionantes, dicen exactamente lo que quieres escuchar. "Mi amor, pero es que a mí me encanta bailar, llego a una discoteca y no puedo parar de moverme". ¡Impresionante! si, y también oportuno. Qué casualidad, después que pasaste un año en la más completa soledad, que tus amigas con novio te excluyeron de sus planes más de una vez y que tu mamá se la pasaba sacándote de la casa porque estabas verde de tanto ver TV, ahora que decidiste compartir tus penas con alguien que más que tu media naranja es tu medio limón, misteriosamente aparecen montones de oportunidades que se esconden tras caritas dulces.
Que si el muchacho que trabaja cerca de la oficina y te vende café a diario. Que si el hijo del dueño de la peluquería donde te haces la manicure, y que decide llegar con su esencia irresistible todos los sábados en la noche a "visitar a su papá". Que si el chamo que conociste en el CADA cerca de tu casa y te ayudó con las bolsas del mercado. Cualquiera es un posible "diablo disfrazado" que amenaza con un atentado frontal a tu integridad y a la de tu relación, que deja de ser agradable cuando la distancia se interpone. Definitivamente la soledad no es la mejor compañera de una mujer atractiva (modestia aparte).
Pero después de semejante descarga, sepan que NO ESTOY DISPONIBLE. Con mi futuro esposo me basta y me sobra para tener suficientes dolores de cabeza. Me soporta (cosa nada fácil) me consta que me adora y hasta en la distancia me acompaña a tomar el metro. Me cela, me protege, me cuida, me pone carácter, en fin, todo lo que una niña malcriada puede pedir. Y esperar.
Recuerdo perfectamente las palabras del Prof. Emeterio Gómez, en un taller de verano que hice el año pasado en Caracas. "¿Cómo puedo saber que soy fiel? Cuando tengo las tentaciones enfrente y sin embargo me niego a sucumbir ante ellas. Si nunca has tenido una tentación enfrente, cómo sabrás que tan fuerte eres? Si has evitado todo el tiempo las tentaciones no puedes decir que le has sido fiel a tu mujer, al menos dí que no la has engañado pero realmente nunca le has sido fiel".
Palabras profundas que nunca he podido olvidar. Demasiado duras, quizá. Pero ahora pienso más en eso. Cuando he tenido a estos "diablitos" en mi cara y los miro a los ojos, viendo que ni yo misma soy capaz de engañarme, estoy segura de que soy fiel. Fiel al extremo, incondicional, segura, realizada, en pocas palabras, feliz con lo que tengo y demasiado conforme. Cuando ya no siento dudas ante tanta belleza masculina junta, y que valoro más el no estar disponible para tanto zamuro, suspiro, y ese nuevo aire me reconforta.
Ya te dije, no estoy disponible, nunca más. Ahora tengo norte, futuro y esperanzas, trabajo por un fin común, pienso menos en mí y más en mi vida. Tengo mi anillo en el dedo izquierdo (el de Licenciada) y en el anular derecho (el de futura señora). Pero de todas maneras, gracias porque con tu aparente perfección, me haz hecho darme cuenta de lo que realmente estoy buscando. Y lo encontré. Este post es para ti, futuro esposo, no sabes cuán orgullosa me siento de estar a tu lado. Y seré más afortunada cuando me despierte a diario con tu imagen pegada en mi mente como una foto mojada. Y quiero que sepas, sinceramente, que mientras más los conozco a ellos, más te amo a ti...
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